lunes, 22 de junio de 2009

Cine club

Si digo “he visto una peli de Mihály Kertesz”, lo más probable es que mi interlocutor se quede igual y que como mucho piense, sin faltarle razón, que hago cosas raras. En cambio si digo “he visto una peli de Michael Curtiz” a más de uno le sonará. Los otros –los más– seguirán mirándome con cara de no saber de qué estoy hablando y quizás quieran saber si es la última de Jennifer Aniston.

Pero la cuestión es que Michael Curtiz, en su Hungría natal, hizo sus pinitos en esto del cine con el nombre de Mihály Kertesz. Una de sus películas fue el cortometraje “Jön az öcsém”, algo así como “Viene mi hermano”, una historia de épica proletaria llena de simbolismo socialista rodada en 1919. Pero eso fue antes de largarse a la costa oeste americana a vestir con leotardos a Errol Flynn en “Las aventuras de Robin Hood” o dirigir a Bogart y la Bergman en “Casablanca”.

Merece la pena una visita a esta web, la Europa Film Treasures que, como su nombre sugiere, está llena de pequeñas joyas del cine en su estado embrionario. Ved sino este delicioso paseo en tranvía por la Barcelona de principios del S.XX o este ejemplo de la colección de pequeñas piezas de cine erótico de la época.

martes, 16 de junio de 2009

Bloomsday

"...desde luego y así es como se le va el dinero ése es el finto de Mr Paddy Dignam sí todos ellos iban a lo grande en el famoso funeral en el periódico que trajo Boylan si vieran un funeral de oficial de verdad eso es algo armas a la funerala tambores enfundados el pobre caballo caminando detrás de negro L Bloom y Tom Keman ese pequeñajo borracho abarrilado que se mordió la lengua al caer escaleras abajo en el W C de hombres borracho en un vete a saber dónde y Martin Cunningham y los dos Dedalus y el marido de Fanny MCoy cabeza de mariposa en los huesos con una cierta tendencia en el ojo queriendo cantar mis canciones tendría que nacer de nuevo y su viejo vestido verde con el escote ya que no los puede atraer de otra manera cuando canta llueve lo veo claro y a eso le llaman amistad se matan y luego se entierran unos a otros y todos ellos con sus mujeres y familias en casa muy especialmente Jack Power que mantiene a esa camarera y tanto que la mantiene claro que su mujer está siempre enferma o a punto de ponerse enferma o mejorándose de algo y él es un hombre bien parecido todavía aunque le empiezan a salir canas por encima de las orejas menuda caterva están hechos todos ellos bueno pues no van a conseguir atrapar a mi marido otra vez en sus garras si yo lo puedo remediar burlándose de él luego a sus espaldas sé muy bien cuando sale con sus imbecilidades porque tiene suficiente sentido común para no malgastar hasta el último céntimo que gana en..."

Ulises (1929)
James Joyce

domingo, 14 de junio de 2009

Teherán

Las protestas por el más que probable pucherazo de Ahmadineyad en las elecciones celebradas ayer en Irán no se han hecho esperar. La gente se ha echado a la calle y Teherán es ahora mismo un campo de batalla donde la policía antidisturbios reparte estopa a diestro y siniestro. Irán no es sólo esa simple ecuación islam más armamento igual a eje del mal que nos quieren hacer creer; no es sólo sharia, no son sólo ejecuciones públicas por el terrible delito de homosexualidad o adulterio. Es eso, pero del otro lado es gente que quiere vivir libre del yugo de una teocracia, gente que piensa como tú y como yo, que viste como nosotros, que tiene un móvil o una cámara con la que mostrar al mundo lo que está sucediendo ahora mismo en las calles de Teherán.

Tehran Streets


Las crónicas nos van llegando a través de Flickr y de Youtube, sobre todo de la mano del usuario Mousavi1388. Es la continuación de Persépolis, y espero que el epílogo que se escriba cuando se disperse el humo no sea una reescritura del de Tian'anmen hace veinte años. Puesto a escoger, prefiero el final de la Rumanía de Ceaucescu.

jueves, 11 de junio de 2009

Y Crumb creó el cómic, y vio que era bueno.

Todavía habrá que esperar un poco, hasta otoño. Será entonces cuando se publique, de forma simultánea en todo el mundo, la que imagino será una ácida versión del "Libro del Génesis" según Robert Crumb poblada, cómo no, de incestos, asesinatos, adulterios y toda la salsa que hace de este clásico de la literatura fantástica una obra tan apasionante. Habrá que ver si el vaticano o la conferencia episcopal le hacen publicidad gratuita, o ya escarmentaron tras la cosa esa de Dan Brown.


Visto aquí.

viernes, 5 de junio de 2009

She's magic!

She's magic!

Noche de jazz, cervezas y piernas en el Jazzman de Barcelona. Y sonaba...

She's magic!



(sugerencia de consumo)
Caravan en el saxo de Dizzy Gillespie

miércoles, 27 de mayo de 2009

Cortesía

Tras largos y apacibles meses sin compartir rellano, vuelvo a tener vecinos, una parejita creo. No parecen excesivamente ruidosos y la música que escuchan –y que los tabiques de papel me obligan a compartir– no es, salvo excepciones, especialmente desagradable. Ellos no, cierto, pero la compañía de amigos que se traen y la música que les acompaña sí que lo son. Ambas cosas: ruidosa y desagradable.

Como no tenía nada que hacer hasta la hora de cenar, esta tarde he aprovechado para hacerles la visita de cortesía de rigor. Ha salido a abrirme la chica, con la ropa machada de pintura. Me he presentado, soy vuestro vecino, mientras me franqueaba la puerta. Una vez dentro, las paredes todas repintadas de blanco, ha aparecido él. Los amigos seguían alborotando en la terraza mientras sonaban estridentes pachangas que no he sabido identificar desde unos altavoces puestos sobre cajas de cartón. Menudo trabajo os habrá dado cubrir esos terroríficos grafítis de las pareces, les he elogiado. Han puesto cara de agotamiento mientras sacudían la mano dándome a entender que ha sido tarea homérica. No lo sabes tú bien, oye, ha exclamado ella. Qué barbaridad, oye, ha continuado. ¿Quién diablos vivía aquí? La he mirado arqueando una ceja, mi mejor expresión de pedantería. Ah, no os lo han contado, les he preguntado fingiendo consternación. Bueno, oye, nos dijeron que un tatuador… Ah, ya, la he cortado, la versión oficial. En ese momento he aprovechado para dar un largo trago de la cerveza que me han ofrecido. Después, sin prisas, alargando deliberadamente la tensión, me he secado los labios con el dorso de la mano y buscado con la mirada algún lugar donde dejar la lata, que ha terminado sobre el mármol de la cocina. ¿Qué quieres decir con eso de la versión oficial?, ha apremiado la chica. Bueno, he empezado, no digo yo que no tatuara, pero ya has visto los dibujos en las paredes… Y eso que no habéis visto lo que se llevó la policía. ¡La policía!, ha exclamado ella. Sí, verás, he aclarado, durante los años que estuvo aquí, algunas noches se escuchaban gritos sofocados por una música que yo calificaría de… tribal. No sabría definirla mejor. Eran gente bastante rara, pero de ahí a sospechar eso… Oye, ¿pero qué?, ha preguntado visiblemente tensa. Pues por lo que pude averiguar… Comprende que la policía tampoco es muy extrovertida, la he advertido. Por lo que pude averiguar, recogían perros y gatos de la calle y los sacrificaban en macabros rituales de sangre. ¡Dios mío!, han exclamado al unísono.

Con ella sentada sobre una caja, todavía impresionada por la revelación, y él algo mosca por si les estaba tomando el pelo, he continuado con mi maquiavélico plan: Cuanto más increíble parezca una trola, más creíble resulta, he maquinado.

Sí, ya veis, este piso tiene un bonito historial hasta donde yo sé, porque lo del vecino anterior sí que fue gordo. ¡No jodas que hay más!, ha exclamado él. Y de veras que eso sí fue inesperado, he respondido. El tipo era cazador, pero mira, cada cual tiene sus aficiones. De acuerdo que a nadie le gusta cruzarse por la escalera con alguien armado hasta los dientes como me ocurrió a mí algún que otro sábado que llegaba de madrugada tras una noche de copas. Pero al final te acostumbras, le das los buenos días y te metes en la cama a dormir la curda. Pero al tipo un día se le fue la pinza y se cargó a escopetazos a su mujer y dos hijos que no tendrían más de seis años el uno y dos o tres la niña. Madre mía, oye, ha murmurado la chica, que por la cara que lucía he deducido que estaba llevando mi plan bien encaminado. Y todo fue por una reforma en la cocina, un par de meses antes, he continuado. Por lo visto, lo que encontraron al tirar un tabique a él le afectó del tal forma que le hizo perder la razón, ya ves tú.

He vuelto a por la cerveza para obtener un poco más de tensión de la situación, la he apurado de un lento trago y sacando el paquete de tabaco me he encendido un cigarrillo. Tras un par de caladas con las que me he recreado como si hiciera meses que no me fumaba uno, y sin ánimo de abusar demasiado de la angustia que veía ya en sus ojos, he continuado con el relato.

Mira, a decir verdad, eso me lo contaron a través de terceros, concretamente la dueña de la empresa de reformas que contrataron, así que vete tú a saber. Por lo visto tiraron el tabique que separaba la cocina del comedor, pero lo que no esperaban encontrar era que fuera un doble tabique con un hueco en medio donde estaba el cadáver descompuesto de la anterior inquilina, que había desaparecido sin dejar rastro unos meses atrás. Se conoce que el hedor que salía de ahí impregnó toda la casa y no hubo forma humana de que se fuera durante semanas. Supongo que fue eso lo que hizo enloquecer al pobre hombre…

Aprovechando el inciso que me ha ofrecido la chica al levantarse precipitadamente para ir al baño sujetándose el estómago y cubriéndose boca, me he despedido amistosamente de mi vecino alegando que tenía cierta prisa.

Como decía al comienzo, tras largos y apacibles meses sin compartir rellano, vuelvo a tener vecinos, una parejita creo. Espero que por poco tiempo.

domingo, 17 de mayo de 2009

Terapia

Para no sucumbir
ante la tentación
del precipicio
el mejor tratamiento
es el fornicio.

Sabias palabras las de Mario Benedetti, que ha desnacido hoy en Montevideo a la edad de ochentaiocho años.

sábado, 16 de mayo de 2009

Escógeme diez

Para los que huimos de la música de radiofórmula, descubrir algo de nuestro gusto en esa no tan remota época previa a internet nunca fue una tarea fácil. Ahora es muy sencillo: te recomiendan algo, o lees una reseña en una revista, lo buscas y lo escuchas. Antes, o tenías un amigo que te lo grabara en una cinta o te dejara el vinilo, o en la tienda de discos te lo dejaban escuchar, o te arriesgabas y comprabas sin saber a ciencia cierta qué era eso. Tengo algunos que no valen ni el plástico del que están hechos. Afortunadamente, a finales de los ochenta me hice amigo del dueño de una pequeña tienda de discos que tenía auténticas joyas. Su especialidad eran los piratas de la década de los 60 y 70, pero también traía buen material oficial. Y así, poco a poco, escuchando un disco tras otro –me pasé horas en esa tienda– comencé mi pequeña colección y terminé por definir mis gustos musicales.

La tienda cerró –él se hizo mayorista– y yo fui ampliando mi particular banda sonora, hasta que me picó el gusanillo del jazz. Y fue como empezar de cero. A parte del disco recopilatorio de Charlie Parker que regalaban con una revista, no tenía ningún otro referente. No sabía qué estilos me gustaban y cuales no. Ignoraba por completo su evolución, sus maestros, los instrumentos que tocaban. No sabía absolutamente nada del jazz y eso me desorientaba mucho, sentía que andaba por terreno pantanos
o. Fui varias veces a una tienda que tenía un enorme surtido de jazz, y varias veces que regresé de vacío. Pero uno de esos días que miraba portadas esperando encontrar la inspiración, se me acercó uno de los vendedores, un negro de dos por dos metros con acento francés, y me preguntó si buscaba algo en concreto. Debía llevar algo así como media hora entre los expositores, así que me encomendé a su criterio y le dije recomiéndame algo. Ahora lo pienso y me parece ridículo. Alguien que entre en una tienda de discos y pida eso, “recomiéndame algo”, sin saber qué tipo de música le gusta. Pero así fue. Y además el tipo fue listo, porque me recomendó lo que yo (y cualquiera) recomendaría a un neófito: “Kind of Blue” de Miles Davis. Y además me hizo ver que los grupos de jazz son circunstanciales, que se hacen para grabar un disco y deshacen después. Si te gusta, me dijo, sigue después con el saxofonista y el pianista. Y así lo hice. En esa época me hubiera gustado que alguien me dijera, mira, estos discos son muy buenos, escúchalos a ver qué te parecen. Pero no fue así y tuve que ir despacito, a base de ensayo y error, hasta que le empecé a vislumbrar los márgenes a ese vastísimo mundo del jazz.

Esta es la razón por la que ahora me atrevo –y sabiendo que me arrepentiré– a hacer una lista con mis diez (o más) imprescindibles. Y ojo que no he dicho mejores, que eso, si acaso, es tarea de ellos mismos, de los propios músicos.

Empezaré por el décimo, que en realidad serán tres. Imagino que un torero en China debe tener en su país la misma repercusión que tuvo Tete Montoliu en España en su mejor época, que no trascendió más allá del testimonial circuito de jazz nacional. Poco antes de morir –y sobre todo después, usando la etiqueta patria para vender– se reivindicó su figura, pero merece más, pues ha sido uno de los mejores pianistas que ha dado el jazz en el mundo y, probablemente, el mejor en Europa. A Tete lo tenemos en trío (piano, bajo y batería), formación en la que destaco “Blues For Myself”, editado en 1977 y “A tot jazz!”, porque es la grabación de un concierto realizado en el verano del 65 en la sala Jamboree de Barcelona. Solo al piano, más melancólico, elijo “Songs For Love” de 1974.



A continuación tenemos una reunión mítica no sólo por los músicos, que también, sino por el vuelco que le dio a la industria discográfica y lo que significó para los músicos de la época. El “Jazz at Massey Hall”, una delicia de be-bop con Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Bud Powell, Charlie Mingus y Max Roach, de hecho una reunión de los mejores músicos de jazz del momento (que enfrentados al show business grabaron ellos mismos el concierto)contratados por una asociación de aficionados de Toronto. Casi nada.



Sigo con la feliz idea de Stan Getz de llamar a Joao Gilberto para sacarse de la manga esa maravillosa fusión que fue la bossa nova en la que, además, le dieron la voz cantante a la deliciosa Astrud Gilberto. Existen incontables ediciones etiquetadas Getz/Gilberto. Cualquiera en la que la Gilberto cante “The Girl From Ipanema”, “Once Upon A Summertime”, “Corcovado”, “Manha De Carnaval” o suene el “Desafinado” es suficiente para tumbarse al fresco bajo las estrellas de una noche de verano con una copa de cachaça con hielo picado en la mano.



A mediados de los cuarenta, Miles Davis empezó tocando su trompeta en bandas de jazz como la de Charlie Parker hasta que, a finales de década, empezó por su cuenta a organizar sesiones con varios de los mejores músicos del momento. Fue un precursor no sólo por la forma, sino porque los arreglos musicales sobre piezas be-bop eran totalmente innovadores. Todo ese movimiento pasó a llamarse cool jazz y de esa experiencia salió “Birth of Cool”, publicado en 1956, un imprescindible para todo buen aficionado al jazz.



Después de eso, inquieto y genial, Miles reunió a su rededor a John Coltrane (saxo tenor), Red Garland (piano), Paul Chambers (bajo) y Philly Joe Jones (percusión) para formar el Miles Davis Quintet. De los cinco discos que publicaron puedo nombrar el primero, “Round Aboud Midnight” de 1955, pero no me atrevo a apuntar cual fue el mejor. Lo ideal sería quedarse con los tres discos que forman las “Complete Studio Recordings” de ese fundamental quinteto de músicos.



Dejo el cool y el be-bop para retroceder al swing de la mano de
uno de sus grandes saxos tenores: Ben Webster. Su estilo y forma de tocar, como si te susurrara las melodías al oído, hace que te sientas flotando sobre la música, dulcemente. Es uno de mis insustituibles, sobre todo cuando quiero relajarme tras un mal día, sentado en el sofá y con una copa de tinto. Lo descubrí en un maravilloso directo: “At The Renaissance”, de 1960, o una de sus obras maestras, con Tete Montoliu Trio, “Gentle Ben”, de 1972.



Fue uno de los fundadores del be-bop así como compositor de algunos estándares de jazz, pero debido a su muy personal estilo de tocar el piano, muy alejado de los estándares de la época, y su tendencia a la improvisación, a Thelonious Monk el estatus de grande del jazz le llegó tarde, pero ahí se quedó. Sus grabaciones de los primeros cincuenta son una delicia, pero no fue hasta que formó cuarteto con John Coltrane que alcanzó la categoría de mito. De esa época es “Thelonious Monk Quartet with John Coltrane At Carnegie Hall”, imprescindible, y más tarde, ya en 1966, “Straight, No Chaser”.



Decir que John Coltrane estuvo en la grabación de “Kind Of Blue” y en el Miles Davis Quintet ya sería suficiente para pasar a la historia, pero es que antes, en el 57, había grabado el soberbio “Blue Train”, y después de eso parió “Bye Bye Blackbird” en el 62 y su obra cumbre “A Love Supreme” en el 64. Creativo, vanguardista, en total “sólo” tocó su saxo en medio centenar de discos (algunos memorables conciertos junto a Miles Davis), y eso porque murió joven, a los cuarenta años.



Si no existiera Miles Davis, Bill Evans, que también estuvo en “Kind Of Blue”, sería sin duda mi favorito. Decía Miles que nadie tocaba el piano como él, acariciando las teclas para que fluyera una música que es la esencia misma de la melancolía, la banda sonora perfecta para una tarde de otoño, o de esas noches solitarias en las que los recuerdos de tiempos pasados nos acompañan. La formación en trío
de Bill Evans (con Scott La Faro al bajo y Paul Motian a la batería) a principios de los sesenta todavía no ha sido ni siquiera igualada. Ahí están “Waltz For Debby” y posteriormente publicado “Sunday At The Village Vanguard”, ambos de la grabación que se realizó en esta mítica sala en 1961, que a la postre resultó irrepetible pues días después del concierto, Scott La Faro moría en un accidente de coche a los veinticinco años.



Y finalmente –sí, ya sé que han sido once y no diez– cierro con el ya varias veces mencionado “Kind Of Blue” de Miles Davis con John Coltrane, Bill Evans, el contrabajista Paul Chambers, Julian "Cannonball" Adderley –debí incluir “Something Else”– al saxo alto y Jimmy Cobb a la batería. Son tantos los motivos para disfrutar este disco, y se ha escrito tanto sobre él, que no merece la pena ni siquiera empezar a enumerarlos. Basta con apuntar que está ahí y que es el mejor. Punto.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Modernos contemporáneos

No soy yo sino mi paseo quien me conduce a pasar frente a la Casa Calvet. Me detengo a mirar la fachada, desde la calle, la nuca doblegada y la boca abierta: estoy demasiado cerca para verla bien. Pienso en Gaudí, en la Casa Batlló o la Casa Milá; en el Modernismo. Son hermosas, qué duda cabe, pero de una belleza medieval, trasnochada ya desde antes de su concepción, muy alejada de la presunta modernidad que sugiere el concepto de modernismo. De ahí las innumerables voces críticas de su época y años después. El mismísimo Orwell ya se lamentaba, en su homenaje a Cataluña, de que la Sagrada Familia no estuviera entre los templos quemados durante la semana trágica, extremo este que considero innecesario, tanto como la actual obsesión por terminar la obra. Personalmente lo dejaría tal cual está, como una ruina a medio hacer, como esas iglesias irlandesas que Cromwell se dedicó a derribar como si de algo personal se tratara. Su actual recuperación e indulto, no nos engañemos, no es más que una brillante estrategia publicitaria para atraer divisas en forma de turistas japoneses y directores de cine neoyorquinos algo despistados.

Gaudí es el arquitecto de la burguesía adinerada de finales del XIX y comienzos del XX, del catalanismo que recién ha inventado la “Renaixença” adoptando las formas góticas como el súmum de la belleza. Fuera de Cataluña la Casa Botines en León guarda cierta sobriedad; el Palacio Episcopal de Astorga parece el castillo de la Blancanieves y el Capricho… mejor lo obviamos. Es el modelo a seguir para estos nuevos ricos que han labrado su fortuna comerciando y explotando esclavos en las plantaciones azucareras de las américas –limpiaban su conciencia en el confesionario, dos padres nuestros y un avemaría, amén– y que ahora matan las horas entre misas y procesiones, queridas con piso puesto y excursiones a Núria y Montserrat. Es una burguesía que se cree culta y refinada pero que es vulgar y vive de espaldas al mundo que le rodea y a sus cambios y tendencias.

'La Pedrera' de Gaudí

Fotos de 3dom y changó

'Taliesin' de Frank Lloyd Wright

Fotos de Cavalier92 y Ms Jane Hudson


Contemporáneo de Gaudí y compañía es Frank Lloyd Wright –no confundamos, como me sucedía a menudo, con Lloyd Webber, que aunque también genial, no es arquitecto sino músico. Sin embargo la analogía puede ser válida: mientras él estrenaba “Jesus Christ Superstar” nosotros andábamos rasgando una guitarra con la “nova cançó”–. Mientras el catalán diseña casas con esquemas de maestro de obras medieval, de estructuras robustas y columnas de diámetros exagerados, geometrías tradicionales basadas en el equilibrio de pesos, espacios cerrados y oscuros, hacia adentro, y rematado con su característico barroquismo ornamental, Lloyd Wright rompe con todo ese pasado y concibe obras de una simplicidad exenta de artificios, casas de espacios abiertos al exterior, luminosas, diáfanas, con divisiones ligeras en el interior mientras juega con la resistencia de los nuevos materiales en el exterior. De acuerdo que son paisajes distintos y que la comparación puede resultar casi cínica, y que ambos tenían predilección por la piedra desnuda en los exteriores, pero tengo la sensación de que Gaudí jamás concibió sus edificios como espacios que después fueran a ser habitados, sino que estaban condicionados a la fachada. Todos esos rincones oscuros e irregulares serían una pesadilla para amueblarlos en IKEA. La Casa Milá, la popular “Pedrera”, y “Taliesin”, la casa que se construyó el norteamericano para él, aunque no lo parezca son contemporáneas, de 1910 y 1911 respectivamente. ¿Cuál de ellas es más moderna, la modernista de Gaudí o la de Lloyd Wright, enmarcada en el “modernism” anglosajón?

martes, 12 de mayo de 2009

El chico de ayer

Y de hoy, de mañana y siempre.
Pocos compositores en este país nos han dejado letras y melodías como las suyas, muy pocos.



A Antonio Vega, ex de Nacha Pop, uno de los más grandes, se lo ha llevado una neumonía hoy en Madrid, a los cincuentaiún años. Nos deja su música y un trago de sabor amargo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Añorar, soñar, imaginar, pensar

Callejeo, sin necesidad ni intención de otra cosa, por el barrio de Gracia. He pasado por la minúscula –él fue mucho más grande– plaza de Gato Pérez. Escucho música como en sordina, música tamizada entre paredes. Giro hacia montaña y ahí mismo, en una esquina de la plaza, en un bajo con las puertas abiertas de par en par a la calle, tropiezo con una escuela de danza y un montón de mujeres bailando en una clase al ritmo de una rumbita. Qué otra cosa iba a ser sino en la plaza de Gato Pérez, pienso.

Me he quedado un rato mirando. Nada, los segundos justos para que mis ojos se acomodaran a la penumbra interior. Pero ha sido suficiente para alterar la clase. Algunas chicas de atrás, las que estaban junto a la puerta, me han visto y han empezado a reír (que, dicho sea de paso y ahora que no nos ven, no sé qué debo tener de gracioso). Mientras me alejaba iba escuchando cómo las risas se iban contagiando de unas a otras. Quizás regresar hubiera sido divertido, pero yo iba a lo mío, a mi callejear por las calles.

Llego a la plaza del Raspall, allí donde viven la mayoría de los gitanos de Gracia. Me ha recordado –y sé que podrá parecer ofensivo, pero nada más alejado de mi intención– por su disposición jerárquica, una especie de costumbre atávica, a los mandriles que hay en el foso del zoo. Las mujeres y niñas a un lado, los ancianos al otro con algunos jóvenes que los rodeaban y escuchaban... los niños correteando tras una pelota... Parecía responder a un ordenamiento ritual, una de esas leyes que nadie se plantea porque siempre ha sido así.

Al final he terminado en el Canigó, casi sin quererlo, pero que de alguna forma he tenido la sensación de que he ido directo hacia allí. Y ahí, pese a la cerveza y las chicas guapísimas que guarnecían el bar, he caído en un estado de melancolía del que todavía no he logrado zafarme. Cuando callejeo me da por añorar, soñar, imaginar y pensar. A ese bar pertenecen mis recuerdos de los viernes de hace unos años. Ahí están las interminables partidas de billar entre cervezas con mi amigo el holandés errante, que medró aquí y ahora vive en París y que, probablemente, sea el único amigo con quien he tenido la suficiente confianza –
y viceversa, tras muchas carambolas– como para abrirme en canal. Y lo he echado de menos, porque a las interminables (y costosas) conferencias le falta el sonido de las bolas rodando sobre un tapete verde en una noche de un viernes cualquiera.


(sugerencia de consumo)
Los Gitanitos y morenos del gran Gato Pérez

domingo, 26 de abril de 2009

Nuevo realismo ruso

De un primer vistazo me ha parecido una fotografía de un rincón entre sórdido y kitsch, de un mal gusto exquisito. Después, viendo el resto de imágenes he descubierto mi error. Una suerte de pinturas que recordarían las de Antonio López si no fuera por la sordidez extrema y el aire decadente que traspiran, mostrando unos elementos decorativos -por llamarlos de algún modo- y compuestas por una paleta de colores que sólo sería posible en Rusia o, quizás, en algún país del antiguo bloque soviético. Es el nuevo realismo ruso.

Nuevo realismo ruso


Visto, cómo no, en English Russia.

viernes, 24 de abril de 2009

Vicios, lujuria y otras perversiones

vicios, lujuria y otras perversiones


Las últimas adquisiciones -Sant Jordi obliga- han sido "Rodchenko & Popova, Defining Constructivism" de Margarita Tupitsyn; "Pintar sin tener ni idea y otros ensayos sobre arte" de Angel González García, porque ella le tenía ganas desde hace tiempo; un librito monográfico del fotógrafo Agustí Centelles, cuyas instantáneas de la Guerra Civil son verdaderamente angustiosas, muy duras; "Venus rajada" de Georges Didi-Huberman, una mirada a la Venus de Botticeli y al desnudo femenino en el arte; una preciosa edición ilustrada de "La isla del tesoro" de Robert Louis Stevenson, en versión de Gaziel e ilustrada por Junceda, porque sí, porque me gustó; la "Ronda del Guinardó" de Marsé; "El mal de Montano" de Vila-Matas; los dos volúmenes de "Último Round" de mi idolatrado Cortázar, de quien voy coleccionando sus libros poquito a poco para que no se me acaben; un número de la revista "Construcción de la ciudad 2C", del año 72, que incluye un monográfico sobre los proyectos presentados para la amplicación de Barcelona a finales del S.XIX -el ensanche- con un plano desplegable del que firmó Cerdá -y que no ganó aunque finalmente fue el que se aprobó-; y por último una edición de "El retrato de Dorian Gray" del genial Oscar Wilde, encuadernada como si de una moleskine se tratara, que no pude evitar añadir a la lista en cuanto la vi.

Sí, la visa se quedó temblando. Pero, como decía Oscar Wilde, la mejor manera de librarse de una tentación es caer en ella.

P.D: No es que haya sacado los libros a pasear, no. Es que duermen ahí y ahí seguiran durmiendo hasta que me compre otra estantería, que no podrá ser hasta que me compre un piso más grande, que no ocurrirá hasta que me toque la quiniela.

jueves, 23 de abril de 2009

Caprichos de la memoria

Llevo ya un rato leyendo, sentado al fresco de la terraza, pero no me he dado cuenta hasta que he entrado en casa y he vuelto a salir con la copa otra vez llena de vino blanco. Como digo, hasta ese momento, quizás porque estaba parapetado tras el murete, no había percibido el olor, pero al regresar, la ligera brisa saturada de flores ha inundado la terraza. Olor a flor recién abierta, a flores cortadas, al agua del fondo de los cubos que han expuesto las rosas durante todo este caluroso día de Sant Jordi.

La memoria es caprichosa, sobre todo cuando de sabores y olores se trata, y a mí me ha recordado al olor de los cementerios. A las mañanas soleadas del día de Todos los Santos que me pasaba correteando entre tumbas y cipreses mientras mi parte de familia viva se esmeraba en arreglar las estancias de mi parte de familia muerta.

Pues eso, que la memoria es caprichosa. Sigo con mi verdejo.

jueves, 16 de abril de 2009

Si no fuera por

He regresado esta mañana, en el tren nocturno y en un compartimento (o habitación, o camarote, no sé) mejor que el de ida. Es decir, que o nos estafaron a la ida, o nos regalaron a la vuelta. Que esto de viajar en tren tiene su encanto, su saborcillo a novela de intriga y eso, pero a la ida, porque a la vuelta tiene un regusto de largo trayecto hacia el matadero. Como una lenta agonía de regreso a la rutina que uno no sabe si prefiere encontrarse de golpe y porrazo o despacito, aunque le de tiempo más que de sobras para pensar en ello y entristecerse hasta olvidarse de que todo viaje debería ir acompañado de una sonrisa. Aunque sea el de vuelta.

Y todavía no he deshecho la maleta. Es el último recurso que me queda, el último acto del viaje. Como si no hacerlo significara que todavía estoy ahí, en el pueblo a los pies de Sierra Nevada; ahí donde me hubiera quedado si no fuera por tantos si no fuera por. Porque pese a no ser mi pueblo, pese a no ser nada mío, me he sentido arrancado de raíz. Arrancado de su aire frío y seco, arrancado de su sol y de sus cielos que no se acaban nunca. Arrancado de la caña con tapa, la primera, la segunda y la tercera. Arrancado de sus guisos, de sus dulces de semana santa, de los chistes y chismes de sus gentes, de sus cerezos en flor y de sus paseos para buscar espárragos que después haremos en tortilla con huevos todavía calientes. ¡Si por tener tienen hasta una recién estrenada bodega con vinos más que dignos!

Que estoy aquí de nuevo pero sin quererlo. Que me gustaría volver para quedarme, si no fuera por.

La cuesta de los cipreses

lunes, 6 de abril de 2009

Viajes y trayectos

Todos los viajes deberían hacerse en tren. O en una moto de motor reluciente o un viejo coche sin aire acondicionado, con las ventanillas bajadas por carreteras secundarias. No es que tenga nada en contra de los aviones o las autopistas, pero si todos los viajes se pudieran hacer así, significaría que no tenemos prisa, que nada nos obliga a cumplir con unos horarios o un calendario y que disfrutamos tanto del destino como del trayecto. Y si al tren, como al viejo coche, también se le pueden bajar las ventanillas –lujo este en vías de extinción– entonces el placer del viaje se sublima, deja de ser un mero trayecto, una aséptica línea trazada entre dos puntos.

Algo así es lo que haré este miércoles por la noche. Tomaré el tren de las nueve de la noche, vagón restaurante y cabina para dos con vistas al paisaje que se extiende entre Barcelona y Granada. Allí nos estarán esperando para llevarnos hasta Guadix y más allá, a los pies de Sierra Nevada que, haciendo honor a su nombre, se levanta imponente y cubierta de un manto blanco que tengo intención de pisar en alguno de mis paseos para facilitar la digestión de los opíparos guisos que voy a meterme entre pecho y espalda. Para aclimatarme, ayer compré una caja de cerveza Alhambra Reserva, de la que estoy dando buena cuenta.

Quedan sólo tres días, que de buen seguro se harán largos. Así que para empezar este primero, que para más inri es lunes, no se me ocurre nada mejor que un poco de música para levantar el ánimo y dibujar una sonrisa.


(sugerencia de consumo)
Louis Armstrong y Danny Kaye cantando When the Saints go marching in

sábado, 21 de marzo de 2009

Escaleras

Roma es una ciudad de escaleras. Y este hecho constatable en absoluto tiene que ver con las siete colinas que ondulan el perfil de sus calles. Es mucho más simple que eso: las escaleras confieren una indudable pátina de distinción y señorío a una ciudad. Y si de algo van sobrados los romanos es de señorío, por eso meten escaleras por todas partes. Hay escaleras en las calles, en los accesos a los edificios públicos y privados, en las iglesias, en las fuentes, en las plazas. ¿Qué es la Piazza Spagna sino una grandiosa escalera? ¿Qué rodea la Fontana di Trevi sino una escalera? Hay escaleras que desembocan en ninguna parte, mientras que otras ocupan toda la acera, obligando al transeúnte a invadir la calzada para sortearlas o a subirlas por un lado y bajarlas por el otro como si se tratara de un campo de entrenamiento.

Un ejemplo de esto último es la via del Quirinale, donde se alza, en su cruce con la via delle Quattro Fontane, la bellísima y barroca iglesia de San Carlino, obra Borromini. Cuando pasé por esa calle y frente a la iglesia pensé: “Roma es así porque no es Barcelona”. Me explico. Esta calle, de hallarse en Barcelona, por ejemplo en el barrio de Gracia, el ayuntamiento ya la habría “posat maca” derribando los edificios que la cobijan y ensanchando las aceras. La esquina rehabilitada resultante ahora sería un moderno bloque de viviendas de obra vista “con todas las comodidades” a cargo de los infames “Núñez y Navarro”. Y volviendo a la Piazza Spagna, no puedo más que alegrarme de que no esté en Barcelona, ciudad que puede presumir de que la única escalinata “romana” que tiene, también subiendo desde la Plaza España, ya ha sido mancillada de pasarelas volantes y escaleras mecánicas con tendencia a no funcionar. ¿Alguien se imagina la hermosa Piazza Spagna romana emparedada entre escaleras mecánicas?

jueves, 19 de marzo de 2009

La sabiduría la da la vejez

Calle Gandesa, Barcelona, diez y media de la mañana.

Barcelona, 10:30AM


Y yo tomaba un café con legañas.

lunes, 16 de marzo de 2009

Vaya par de...

No sabría con cual quedarme, si con la derecha o la izquierda. Porque salta a la vista que quedarse con las dos sería excesivo, a la par que egoísta. Bueno, sí que lo sé. Definitivamente me quedo -me quedaría, ah ingenuo soñador- con la morena, que tampoco es manca. Mujeres de bandera, oiga.

Impagable secuencia fotográfica. En esta primera la Loren disimuladamente echa una ojeada de inspección para sopesar lo que muestra el escaparate (o el escote, como ustedes prefieran), que no es baladí.

La Loren y la Mansfield



En la segunda la Loren ya no puede ocultar su sorpresa, del mismo modo que la Mansfield no puede ocultar su talento. Es comprensible y del todo justificada la sonrisa bobalicona del caballero del fondo. Yo haría lo mismo.

La Loren y la Mansfield




Es las tres siguientes el espectador -usted y yo, para entendernos- comprendemos la sorpresa de la italiana ante la magnitud -y desbordante extraversión- de la cuestión, del enorme talento que luce a pares y sin tapujos hasta el último (y más íntimo) detalle.

La Loren y la Mansfield


La Loren y la Mansfield



Para muestra, un botón, que diría mi padre.

La Loren y la Mansfield



Y ya para finalizar, la crónica moralmente correcta publicada al día siguiente. A mí personalmente me parece perverso, deleznable y de una inmoralidad vergonzante ocultar información al público, pero esa ya es otra cuestión.

La Loren y la Mansfield


jueves, 12 de marzo de 2009

Nada

Una madre es como una losa, como una soga al cuello que perturba en cualquier circunstancia y provoca oleaje por muy plácida que sea la vida. Cuando falta es una ausencia que marca al comienzo y acompaña hasta el final. Cuando está presente es una sombra que persigue por muy lejos que busques el sol, un chantaje que se hinca en lo cotidiano. Duele decepcionar a la madre y es insoportable hacerle daño; antes nos guardamos nuestras miserias, nuestros despechos por mucho que nos quemen. Pero peor que eso es sentirse abandonado por la madre, ya sea un abandono físico o afectivo, emocional. Sobre todo en este último caso, cuando la madre sigue ahí pero ya no está de tu lado, ya te abandonó, y tú jamás se lo podrás reprochar plenamente porque sabes que le hará daño. El cordón umbilical continúa ahí, doliendo cuando le dueles, y vuelta a empezar. Y no hace falta que el abandono sea definitivo; basta sentir la balanza del otro lado en el peor momento. Y desde ese momento, ese preciso instante que puede ser apenas un suspiro, un gesto de disgusto buscando consuelo, una sola gota de lluvia en la tormenta, ya nada volverá a ser como antes. Nada.