La divina proporción
Sin embargo, tanto en arquitectura como en cualquier otro arte y oficio, es aconsejable alejarse de posicionamientos radicales. He planteado el ejemplo típico de la figura ornamental de la puerta de entrada inscrita en una doble columna, pero no olvidemos que todavía hoy (y espero que por muchos años) existe una forma, cuya existencia es fundamental, basada en esta doble columna. Y hago hincapié en esta palabra: fundamental, pues no es solamente una función estética, que también y vaya si lo es, sino también y sobre todo estructural. No es concebible esa entrada, ya sea frontal o trasera, sin la estructura de las dos columnas que la sostienen. Véase a modo de ejemplo clarificador la figura 1 al final del artículo.
Obviamente la solución debe guardar unas formas y proporciones (véase “De Architectura” de Vitruvio) para que, además de funcional, sea bella y armónica. Sin duda el arquitecto no debe excederse en la tentación de rematarla con un capitel demasiado voluminoso (véase en la figura 1, segmento a-b y b-c, que guarda una proporción de 1 a 6, es decir, que debe ocupar sólo una sexta parte de la longitud total de la columna), pues el conjunto se resiente irremediablemente. El fuste debe ser liso o aterciopelado, con cierta ondulación en sus formas (jamás recto), dejando la mitad superior algo más ancha que la inferior (véase los segmentos paralelos que arrancan en e y f) y toda la columna (esto es importante, pues de lo contrario puede echarse a perder la armonía del conjunto) debe reposar sobre una basa que será la parte más estrecha de la pieza. Por último, la entrada debe estar en el eje de simetría (véase el punto d inscrito en la circunferencia) del conjunto.





Como su nombre indica... arrebatos. Los míos obviamente. Arrebatos de falsa sinceridad, de rabia contenida, ira a raudales y algún que otro sentimiento encontrado. El resto no merece explicación pues ya se verá.




