sábado, 10 de mayo de 2008

Paraguas

No lo comprendo. De acuerdo que en Barcelona no llueve cada día, ni siquiera con mucha frecuencia. Pero unos cuantos días de lluvia al año sí que los tenemos. Y pese a ello, la gente sigue sin saber circular por la calle con un paraguas. Y no me refiero a los que pese a llevarlo, andan bajo los balcones obligando a apartarse a todo aquél que no lleva. No, esos simplemente son incívicos. Yo me refiero a los que, además, procuran repartir paraguazos o meterle la varilla en el ojo a todo incauto que se cruce con ellos. Por no mencionar a los que lo llevan cerrado balanceando el brazo con el pico hacia atrás. Ahí ya no es que te vacíen las cuencas, es que directamente te lo hincan en los higadillos. Con suerte, si se dan cuenta, se girarán para disculparse con el consabido “ay perdona ¿te he hecho daño?” mientras tú estás desangrándote en el suelo. Afortunadamente, este caso es poco corriente ya que las mujeres no suelen llevar este tipo de paraguas. Pero no me negaréis que en manos de algunos ciudadanos, este aparato de apariencia inofensiva se puede llegar a convertir en un arma de destrucción masiva.

Esta mañana, mientras esquivaba setas negras por la calle, he pensado que el ayuntamiento debería impartir cursos de circulación peatonal con paraguas; y que deberían ser cursos obligatorios, terminados los cuales te acreditaran o no a circular con uno. Sería una licencia quinquenal, renovable tras un examen de aptitud, por ejemplo. Y quien no aprobara, pues a vestir chubasquero o a mojarse, qué coño.

3 comentarios:

Gregorio Luri dijo...

¿Sabías que anualmente llueve lo mismo en Barcelona que en París?

De acuerdo. El viandante paragüero es un peligro público. Hay que dar carnets peatonales por puntos.

arrebatos dijo...

Esa misma comparación la había oído yo con Hamburgo.

En cambio, en Holanda, que llueve bastante más, el uso del paraguas no está muy extendido. Hace demasiado viento y es poco práctico para ir en bici. Ahí, para guarecerse, sientan a los niños delante de la bici.

Juan dijo...

Pues algunos, a pesar del viento, se empeñan en usar paraguas. Se lo ponen delante, empuñándolo con firmeza. Naturalmente esto anula su campo de visión frontal. Al llegar a casa descubren con sorpresa que se han traído un par de viandantes pinchados en la punta del paraguas.