miércoles, 19 de noviembre de 2008

Apadrina uno

Lo tiene ella, como lo tiene la amiga de ella, o un amigo mío o mi ex, así como el ex de mi ex o mi otra ex, la primera. Incluso, otra amiga de mi ex no es que lo tenga, es que lo es. Empiezo a sentirme como el personaje desubicado de una película de Woody Allen; de una película de esas en las que no hacía falta que saliera de Manhattan para encajarlo todo. Empiezo a temer el día en que me quede sin tema de conversación cuando, en una cena con los amigos, todos empiecen a hablar de su psiquiatra. Por eso estoy empezando a plantearme la posibilidad de apadrinar uno. Nada serio, no hay razones para alarmarse. Porque, seamos sinceros ahora que nadie nos oye, sigo convencido de que uno no se hace psiquiatra por vocación sino que se llega ahí arrastrado por un trastorno de la razón. Así que sólo sería una especie de asociación simbiótica: yo tendré tema de conversación en las sobremesas mientras que a mi psiquiatra le daré lo que quiera para que escriba un sesudo artículo sobre, por ejemplo, un extraño caso de personalidad dual en alguna prestigiosa revista de su ramo.

Sí, ya sé que sería todo un golpe de efecto que, en lugar de psiquiatra, apadrinara a un psicoanalista, pero eso no podrá ser me temo. Me conozco, me daría la risa tonta. Me sentiría igual que si fuera a un homeópata. No, definitivamente un psicoanalista no, pero dejadme que madure un poco más lo del psiquiatra.

10 comentarios:

Cel.lia dijo...

ejem...
psicólogo no psiquiatra
psi-có-lo-go

Isabel dijo...

¿Y quién necesita eso teniendo un blog?
Oye, te ahorras una pasta,eh.:-))
Mi abrazo,amigo, y me alegra saber que aún no apadrinaste ninguno,a pesar de tus "arrebatos".:-)

arrebatos dijo...

Celiageminada, es que lo de psicólogo es tan genérico... Yo he conocido algunos (por cierto, con necesidad urgente de visitar a alguno de sus colegas) que se dedicaban a dar cursos de formación, otros a vender software para recursos humanos, etc. Por eso me parece una definición demasiado amplia para lo que yo quería concretar.

arrebatos dijo...

Isabel ¡eso digo yo! Pero los hay que abusan y tienen las dos cosas.

Verónica dijo...

Pues yo un día apadriné uno, pero me olvidé de darle de comer...

Cuando tengas madurada la idea del apadrinamiento, nos la cuentas, que la verdad, me ha sentado genial leerte...divertido...Un besito.

Sibel dijo...

Yo tenía apadrinada una también... aunque hace tiempo que la tengo abandonada. Creo que fue justo después de tratar de convencerla de que valía la pena seguir viviendo...

arrebatos dijo...

Vaya Sibel, y yo toda la vida convencido de que eran los psicólogos quienes se encargaban de esa labor...

arrebatos dijo...

Ojo, que no les quiero ningún mal, eh! Pobrecitos, merecen existir y si acaso nuestra compasión. Otro tema muy diferente son los psicólogos infantiles. Esos sí que deberíamos pasarlos todos a cuchillo.

Una azul más dijo...

Genial, genial,... me parto leyéndote, qué buena ocurrencia, apadrinar al psiquiatra (psi-có-lo-go)jajajaj Estaría buenísimo, en lugar de sentarse uno en la consulta o tumbarse en el diván se lleva "al apadrinado" a una de esas cenas de amigos y todos juntos allí...ala!! jajajja qué bueno! Bueno, apoyo la moción, lo dicho por ahí, si esa idea tira pa´lante cuenta, cuenta :) ¿Y si al final el psi"loquesea" se acaba convirtiendo en nuestro mejor ammigo? en fin jajaja

berto dijo...

Incluso yo llegué a tener uno! Fijate que entre mis multiples problemas, asociados a impulsos incontrolables había uno que destacaba: mi incapacidad para gestionar mi capital.

Cuando lo dejé le debía ya más de 300 euros!!!

Pobrehombre...