jueves, 11 de febrero de 2010

El estanco

El estanco que abrieron hará ya un año debajo de casa ha cambiado de dueños. Si ya me sorprendió en su día ver cómo crecía un estanco donde hubo una pastelería (yo que toda la vida había pensado que estaban ahí desde siempre, como las fuentes en las esquinas o las obras del AVE), todavía mayor ha sido mi sorpresa al descubrir que, además, los estancos pueden cambiar de propietario, pues también erróneamente tenía por algo seguro que pasaban de generación en generación con el resto de genes, igual que el tamaño de la nariz o la estupidez.

Ahora lo lleva una pareja de auténticos y genuinos rockers, de esos con pantalón vaquero ajustado, botas con espuelas, cinturón grueso tachonado de estrellas, camiseta Jack Daniel's sin mangas, tatuajes moteros y patillas. Eso en cuanto a él, que ella no lleva patillas pero sí vestidos y peinados estilo años cincuenta, pero los años cincuenta de allí, que los de aquí daban bastante lástima.

¡Y la música! La música que escuchas en el estanco cuando entras a, por ejemplo, comprar un paquete de camel, es lo más fascinante de todo. El nuevo estanquero es la única persona que conozco (porque a mí, las cosas como son, no me conozco demasiado bien) que escucha a plena luz del día y sin esconderse de ello al inimitable Screamin' Jay Hawkins.


(sugerencia de consumo)
I Put A Spell On You de Screamin' Jay Hawkins

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