martes, 1 de mayo de 2007

Dejarlo pasar

Cierra dando un portazo. Demasiado fuerte, piensa mientras se precipita
escaleras abajo, saltando los escalones de dos en dos y agarrándose a la
barandilla en cada giro para no darse de bruces contra la pared.
Mentalmente va repasando todas las actividades del día y las posibles
excusas que dar, maldita sea llego tarde otra vez. Sale a la calle. Un sol
deslumbrante le da la bienvenida al día. No lleva las gafas de sol, pero no
hay tiempo para subir a por ellas. Empieza a caminar pegado a las
paredes de los edificios, a la sombra de los balcones, con la cabeza
gacha y mirando al suelo mientras sus pupilas se adaptan a la luz.

El viejo ascensor tarda una eternidad para subir al último piso. Se empieza a
impacientar y de forma inconsciente un nervioso taconeo se apodera de su
pie derecho, mientras con sus largas uñas tamborilea un trote de caballería
contra el cristal de la puerta del ascensor. Mientras desciende lentamente,
aprovecha para pintarse los labios frente al espejo. Se detiene, maldita sea,
en el segundo piso. Se abren las puertas interiores. Se oyen voces al otro
lado pero nadie sube. Vuelven a cerrarse las puertas, menos mal, y sigue su
trayecto hasta la planta baja mientras se moldea las pestañas.

..........Camina con paso acelerado, adelantando a los paseantes y señoras
..........con carrito de la compra. Esquivando a los distraídos que vienen en
..........sentido contrario, que lo observan con desdén. Observa por el rabillo
..........del ojo la calzada por si asoma un taxi. En caso de no pasar ninguno,
..........tomará el metro aún sabiendo que llegará muy tarde. Pero no se
..........puede permitir esperar.

Su taconeo acelerado suena sobre las baldosas de la acera..........
tac tac tacatac tac tac tac, provocando que muchos cuellos..........
se giren a su paso. Miradas femeninas de envidia por su leve..........
vestido blanco que acentúa su hermosa figura se entrelazan..........
con miradas masculinas de deseo. Después esas miradas se..........
encuentran y se transforman en reproche y disculpa...........

Ve acercarse una atractiva figura vestida de blanco.

Ve enfrente suyo a un chico enfundado en vaqueros y camiseta.

Madre mía, piensa, qué preciosidad. Y un
hormigueo le indica un sensible
trasvase de sangre hacia la entrepierna.


Dios, qué tío más bueno, se exclama. Intenta
aguantar su mirada, pero a su paso baja
las pestañas y mira al suelo.


Deja que pase a su lado, repasándola de arriba abajo..........
con su mirada. Ralentiza el paso y fija sus ojos hacia el..........
final de su espalda, hacia esas nalgas que se dibujan bajo..........
la tela de su vestido blanco, hacia esas hermosas piernas..........
erguidas sobre unos zapatos de tacón alto. Aleja sus..........
pensamientos lúbricos con un profundo suspiro. Ve pasar..........
un taxi libre y maldice su distracción. Sigue a paso acelerado..........
hacia el metro...........

..........Disminuye el ritmo de sus pasos y acentúa el contoneo de sus
..........caderas. No se decide a mirar hacia atrás. Finalmente simula
..........detenerse ante un escaparate y ve al chico alejarse entre la gente.
..........Triángulo invertido de anchas espaldas y buen culo, piensa. Vuelve
..........a mirar al escaparate, recuerda su cita, masculla algún improperio
..........y sigue su camino a buen ritmo.

Bajando las escaleras hacia las taquillas del metro duda. Afloja el ritmo de
sus pasos, se detiene. Amaga dar media vuelta, se maldice por no
haberle dicho nada a esa chica y continúa bajando mientras se lamenta
por las prisas de siempre, por no permitirse ni un momento para conocer
a gente nueva. Se enfada consigo mismo por dejarla pasar.


Llega acalorada al lugar de su cita, pero todavía no ha llegado nadie. Es
la
primera en llegar, como siempre demasiado puntual. Lamenta haber
ido tan
deprisa. Lamenta no haber sonreído a ese chico. Quizás habría
sido suficiente
con eso. Pero no, ella tuvo que bajar la mirada con los
labios apretados.


(sugerencia de consumo)
Suena La niña morena de Elefantes, en directo en la sala Razzmatazz.

2 comentarios:

martina dijo...

Bonito relato... Y cuantas veces ocurre y dejamos pasar a gente que nos impacta por nuestra timidez o por nuestros miedos más escondidos...

arrebatos dijo...

Y en ciudades como Barcelona, donde se habla poco con "desconocidos", todavía es peor. Cada día volvemos a casa con un montón de palabras agolpadas en nuestra garganta.