jueves, 28 de febrero de 2008

La peluquera

Hoy he ido a cortarme el pelo, que ya tocaba. Se me anudaba el flequillo con las pestañas, algo realmente incómodo si uno pretende parpadear de vez en cuando. La peluquería adonde voy desde hace unos años está justo en el afamado gaixample de Barcelona. Empecé a ir cuando trabajaba por allí, y ahora no me queda demasiado lejos, así que le sigo fiel. La llevan un chico que pierde más aceite que un camión de aceitunas y una chica guapísima, de pelo castaño claro, largo y lacio, que es la que me atiende siempre que voy. Tienen, además, un par de becarias que nunca son las mismas y que se encargan de lavar, secar, barrer, abrirte la puerta con una sonrisa que promete más de lo que ofrece y guardarte la chaqueta.

Esta tarde, cuando he llegado, al mirar –detenida y minuciosamente– a la chica que me ha atendido, no he podido evitar acordarme de mi reciente visita al museo Julio Romero de Torres de Córdoba. De haber tenido más tiempo, me hubiera gustado pintarla al óleo con un par de naranjas en la mano y menos ropa. Me ha conducido –la he seguido con la mirada fija ahí donde la espalda pierde su digno nombre– hasta la zona donde iba a lavarme el pelo. Me ha puesto –dócil yo– una bata que me ha anudado delante desde atrás y me ha ofrecido asiento. Tras lavarme el pelo –sonaba música magrebí que me ha hecho pensar en “El marido de la peluquera”– iba a aclarármelo pero, en lugar de eso, ha cerrado el grifo y me ha empezado a masajear la cabeza, que en ese momento ha dejado de pensar. La poca sangre que rondaba por ahí ha bajado en tromba hacia la entrepierna, que es la zona que piensa en estas situaciones, y me he congratulado por llegar ahí bien follado. Desde ese momento, el que estaba detrás era yo y ella, despeinada y con menos ropa, había tirado ya las naranjas, pero eso es otra historia.


(sugerencia de consumo)
Le Mari de la coiffeuse, de Patrice Leconte


7 comentarios:

bellaco dijo...

hola por blogeratura, encontré tu blog, estoy escarvando, bueno, saludos desde el desierto de atacama

Gregorio Luri dijo...

Ay.........................!

Pitima dijo...

Así que de zona erógena anotamos:la cabeza.. bien, todo en su sitio.. supongo..

Isabel dijo...

Me has recordado ese cuadro de Julio R. de Torres llamado "Viva el pelo" jaja.
Claro que en este caso de pelos va la cosa también,entre algunas más. ;-)
Creo que es una situación más común de lo que parece...

Gregorio Luri dijo...

Que ya lo dice el pueblo soberano: Donde hay pelo hay alegría.

arrebatos dijo...

Pitima, es que mis zonas erógenas (Don Gregorio apunta bien) son principalmente las que están cubiertas de pelo. Es decir, no lo son ni las uñas ni los dientes.

arrebatos dijo...

Isabel, pues sí. En mi caso es una situación de lo más común.