sábado, 23 de febrero de 2008

Narrativas

Dicen que el primer paso es admitirlo, así que: Señor doctor, soy un enfermo. Para ser más explícito diré que, más que enfermo, lo que ocurre es que tengo un vicio incurable. Y me he propuesto solucionar este problema. Si es incurable, hay que cambiar el enfoque, es decir, dejar de considerarlo vicio. Así lo he hecho. He convertido ese vicio en una obligación.

En resumen, que como no puedo dejar de escribir, a todas horas y en cualquier lugar, he resuelto apuntarme a una escuela de escritura. Así tengo la excusa perfecta para convencerme de que escribo por disciplina académica y no por vicio.

Hace unos meses que comencé, y esa es la razón por la que últimamente no aparecen apenas relatos publicados por aquí. Sigo escribiéndolos, pero para otros lectores. Sin embargo he decidido que también los publicaré aquí, con anotaciones. Estas no son más que la razón del relato; el porqué lo escribí así y no de otra forma. Ya que todos ellos están escritos siguiendo una serie de técnicas narrativas propuestas por el profesor del curso. Y para evitar excentricidades, empezaremos por el primero.

2 comentarios:

Pitima dijo...

Ay, qué pereza!!, pero sí que está bien aprender. A mí lo de las obligaciones me pone nerviosita.., aunque me gustaría saber algo más de esto del arte de escribir. Seguro que tú le sacas mucho partido al taller de escritores.., que ya lo haces muy bien sin clases, pero eso ya lo sabes. Seguiré leyéndote de cando en vez a ver si se me pega algo..

arrebatos dijo...

Eso mismo temía yo antes de apuntarme: que la obligación me produjera pereza o cierto rechazo. Por fortuna no ha sido así, al contrario. Sin embargo, sí que a veces me pongo tenso y ansioso cuando "no me sale nada" y tengo que entregar un relato al día siguiente. O porque no esté demasiado convencido con el resultado, pues una vez en clase, entre profesor y alumnos, nos sometemos a una crítica implacable.