jueves, 22 de noviembre de 2007

No Logo

He ido al Lidl a por mi ración de vino findesemanal a precios acordes con mis maltrechas finanzas. Mientras espero en la cola de la única caja abierta, contemplo absorto cómo un tipo está pasando a su carro de la compra el contenido de dos carros desbordantes. No es el típico carrito de la compra al uso, en absoluto. Es un carro de la compra de proporciones titánicas, lo más descomunal que he visto jamás en cuanto a carros de la compra se refiere. Es parecido a uno de esos sacos para escombros que suelen colocar frente a las obras, pero con cuatro ruedas, una cremallera para cerrarlo por arriba y una asa para tirar de él. Bien puesto, mi piso cabría dentro.

Ya han bajado a la mitad las persianas del local y justo cuando estoy pagando, el tipo en cuestión, muy amablemente le pide a la cajera si puede devolver unos productos que no le caben en el carro-saco-con ruedas: un par de botes de jabón y algo que no logro identificar de un color morado. La chica se lo queda mirando, algo confundida.

–Son apenas cuatro euros –insiste él.
–No le cabe…pero si quiere puede coger una bolsa.
–Oh, no. No puedo.
–Bueno, si es por los tres céntimos, no se preocupe que se la doy.
–No es eso. Odio la publicidad. No me gustan vuestras bolsas publicitarias.

En este punto del diálogo, a la cajera ya se le ha descolgado la mandíbula inferior, paralizada con mi cambio todavía en su mano, mientras él sigue firme frente a su contenedor con ruedas. Y a mí, no he podido evitarlo, me ha dado por reír. Sobretodo cuando él se ha dado la vuelta para mostrarme un enorme logo de Adidas en la espalda de su anorak.

–Si tienes una bolsa Louis Vuitton seguro que le gusta la publicidad –le he soltado a la cajera. Pero parece que a él no le ha hecho mucha gracia mi ingenio y ha continuado ahí plantado mientras me miraba con desdén.
–Tendrá que esperar un momento, que ahora llamo a la encargada.
–No hay problema, espero –ha respondido mientras yo pasaba junto a él con mi mejor sonrisa torcida en los labios.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Eso es que la cajera no tenía un buen escote y una voz dulce.

Gus

arrebatos dijo...

Pues no me fijé... Pero creo que la barba le tapaba el escote.

Pitima dijo...

Oye, que cada uno puede elegir a quién o qué le hace publicidad, sobre todo cuando encima tienes que pagar por ello... aunque sólo sean tres céntimos.. jajaja. Y qué descarada la cajera barbuda, desconfiando que fuese por los míseros céntimos.. jajaja. Tipos raros que hay sueltos por el mundo..

Pitima dijo...

Por cierto, las bolsas del Lidl son las mejores para la basura. Al menos rentabilizarlas... jaja.

arrebatos dijo...

Cuanta razón tienes Pitima, son las mejores sin duda. Es que estos alemanes serán cuadriculados, pero las cosas las hacen bien.

Portorosa dijo...

Vaya chalao.

Y sí que fuiste ingenioso, sí; no se te valora, chico.

arrebatos dijo...

Me imagino al tipo este en su casa, vaciando su contenedor y arrancando las etiquetas de los productos antes de dejarlos en los estantes.
Hay personas que dedican su energía y esfuerzos en auténticas ridiculeces.

Abismo Ínfimo dijo...

No me imaginaba un absurdo tal con respecto a una bolsa como el del tipo que te has encontrado... De libro. Hay gente que debería preguntarse todavía quién coño es, sin haber llegado a tales sublimes pensamientos. Un placer leerte.