Carboncillos

Y pese a todo, testarudo que es uno, me los he ido comiendo. Rascando por aquí, quitando por allá hasta llegar al mazapán más o menos intacto. Menos mal que teníamos castañas, boniatos y, sobretodo y especialmente, uno de esos vinos que le hacen a uno pensar que tantos años de civilización han tenido sentido: Dolç Mataró, de las bodegas Alta Alella. Un tinto dulce hecho con la uva Mataró, autóctona de la zona de Alella, que no deja de sorprenderme. Desde los primeros matices de aceituna negra (esas arrugadas), apenas intuidos, hasta el delicioso sabor final a confitura de higos y moras(1). Ideal para postres contundentes o incluso para acompañar un magret de pato. Una joya de la que siempre dispongo una botella si la ocasión lo merece.
(1) Me trae sin cuidado si la nota de cata no es esta. A mí me sabe tal que así.
4 comentarios:
A mi parecer ha hecho usted una evaluación cojonuda de este vino. Además lo que ahora se valora es la originalidad del catador. Tanto es así que un amigo enólogo con muchos años de oficio y una viña propia excelente, se dignó definir el aroma de un vino de esta sublime manera: "refajo de novia recién planchado".
Perdón: "de novicia", no "de novia". Aunque, bien mirado...
Jamás imaginé que mi educación laica me impediría captar ciertos matices a los vinos. Ya veo que tendré que asaltar algún convento.
Espero me hayas reservado una piña quemada.
Gus
PD: llevo todo el año soñando con comerme una de esas rellena de cocholate de gueno! ;-)
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