viernes, 16 de abril de 2010

He pecado

Perdóname, Oh Señor, porque he pecado. Creo que de lujuria, pero no lo tengo muy claro. Digo que será de lujuria porque, para mí, esto de escuchar buena música en un equipo de alta fidelidad es un placer casi sexual. Valga en mi defensa que no ha sido un arrebato irracional sino algo largamente meditado. Tanto que la meditación ya casi había fermentado. Han pasado diez años desde que fui a pedir el primer presupuesto, y desde entonces que tenía este capricho: cambiarme el equipo de música por uno -para mi bolsillo- de gama alta. Finalmente el pecado se consumó ayer por la tarde, pese a que no fue premeditado. En realidad yo sólo iba a mirar y comparar precios, pero una vez allí... Y aprovechando que ya estaba metido en materia... Y como me metieron en la sala de audición... Y teniendo en cuenta que me estaban haciendo un precio más que apañado... Pues acabé por pecar gastándome una cantidad indecente de dinero en un amplificador Denon, un giradiscos Thorens y unos altavoces Bowers & Wilkins, con un sintonizador también Denon de propina. El compac disc no lo he cambiado, que llevo más de veinte años con él y no me ha fallado nunca. Se merece un respeto.

El estreno ha ido a cargo del vinilo “In Concert” de los Derek & the Dominos, seguido del “Kind of Blue” de Miles Davis en cedé. Para las pruebas de conexión de audio con el ordenador me he decantado por el “Requiem” de Mozart con Claudio Abbado dirigiendo la Berliner Philharmoniker.

No os podéis ni siquiera imaginar lo bien que suena esto. Me resbala una lagrimilla de la emoción.

2 comentarios:

Angel Duarte dijo...

¡No hay perdón sin penitencia!

Acto de contricción y un Jameson doble

arrebatos dijo...

¡Ay, Ángel! Me temo que ni propósito de enmienda tengo.