sábado, 18 de febrero de 2006

Momentos

Una sonrisa especialmente esperada; los infantiles dedos tanteando torpemente la mano de esa niña; ese regalo de navidad tan deseado; el sabor del primer beso –la lengua extraña ¿qué hago con la mía?-; el primer desengaño; ese día de verbena, cuando te estalló un petardo en la mano; la visión de ese cuerpo ya irreconocible arrollado en la autopista; la aparatosa caída yendo en bicicleta; el tacto del primer cuerpo desnudo; mis dos únicos arrebatos de ira, aquellos en que perdí la razón y mis amigos me separaron, asustados como yo de mi brutalidad. Todos esos momentos que, aunque ocurrieron en un segundo, durarán toda la vida. Fueron momentos únicos, irrepetibles y efímeros. Y pese a ello quedaron grabados para siempre, pues eso somos, eso es nuestra memoria. Somos un pedazo de madera lisa al nacer y la vida nos va dejando muescas, que son las que nos hacen iguales a la par que distintos. Todos tenemos nuestras muescas, todos nos parecemos en la distancia, hasta que nos acercamos al detalle.

En esta paradoja, la repetición no hará una muesca más profunda, al contrario. Estamos marcados por esos momentos que ocurrieron en un segundo. Los que se han repetido a lo largo de nuestra vida, los desayunos en la mesa de siempre, las esperas en el andén, todos los besos, todas las noches de bar en bar, todas las palabras dichas y escuchadas, todo eso está mezclado en un espeso magma oscuro e insondable. Son como un eco que se va repitiendo, repitiendo, repitiendo hasta perderse en el vacío de la nada. Supongo que eso es la rutina.

Mañana, pasado quizás, habré olvidado estas palabras escritas aquí, pero jamás, lo sé, jamás olvidaré la primera vez que me susurraron un te quiero al oído.


(sugerencia de consumo)
me envuelve Echoes de Pink Floyd, desde Pompeii

3 comentarios:

Rain dijo...

Allá lejos en tu ciudad, algo renacerá...


***

Eres conmovedor.


Salute.

Chusky or Gus dijo...

Yo recuerdo la primera torta que me soltó mi abuela, total, por jugar a pelota con las patatas de la bodega. No lo entiendo....

Chusky: es que no aprenderás!

sabelilla dijo...

La repetición no hará una muesca más profunda... Cierto, hará otra exactamente igual al lado. Supones bien, eso es la rutina, una sucesión de muescas iguales en nuestra tablilla.
Y si fuéramos un libro en blanco en lugar de una madera lisa, la rutina sería algo así como la página 25 repetida infinitas veces, no porque en cada una de ellas se diga lo mismo, sino por tener asignado el mismo número...

Bueno, me ha gustado desperezarme hoy aquí. Buen comienzo para un lunes.

Un beso, un arrebato.