miércoles, 28 de septiembre de 2005

A propósito de la tradición

Dice Borges a propósito de la tradición (Historia del guerrero y de la cautiva; El Aleph), que es obra del olvido y de la memoria. Sin duda se refiere a la tradición oral. Esa que de un hecho notable (supuesto o real) se desprende una leyenda que lo deforma o agiganta dejándolo, en el mejor de los casos, irreconocible y poco verosímil.
Pero cuando se trata de una tradición popular activa, de un baile, una fiesta, una peregrinación... ¿de qué es obra? ¿A qué obedece?

A raíz de mi presencia como espectador en la última diada castellera, celebrada durante el transcurso de las Festes de la Mercè pasadas, recordé esa cita de Borges y me dio por pensar cual sería el origen de los castells. Reconozco, pobre ignorante de mí, que nunca antes había sentido esa curiosidad por una tradición que no frecuento demasiado, si bien disfruto viéndola. Así que he dedicado unas horas a documentarme.

La primera (grata) sorpresa es la unanimidad en cuanto a fechas y orígenes. No suele ser frecuente, aunque esta es una tradición que levanta pasiones en muchas zonas de Catalunya y ha sido estudiada a conciencia. Doy gracias, pues, a dichos apasionados estudiosos de la materia. La segunda sorpresa arranca en su origen y entronca con la cita borgiana, pues es en parte memoria y en parte olvido.

La raíz de los castellers parte de un baile denominado "Ball de valencians", del cual se tiene noticia documentada desde finales del S.XVII, aunque con toda seguridad sea anterior. Éste se bailaba en las fiestas de los pueblos, básicamente en el norte de Castellón y sur de Tarragona. Al final de dicho baile, los mozos hacían torres humanas de dos, tres y cuatro personas, entablando rivalidad con otras colles de pueblos vecinos para ver quién hacía la torre más alta. Paralelamente, había otro baile de carácter religioso, la Moixiganga, en el que también se hacían torres humanas. Sea como fuere, tal fue la popularidad que adquirieron estas torres, unida a la rivalidad entre grupos, que fueron paulatinamente desligándose del propio baile y adquiriendo entidad propia.

A principios del S.XIX ya se tiene noticia de colles exclusivamente de castellers, primero en Valls y más tarde en Vilafranca del Penedès, ya totalmente desvinculadas del baile original y unidas en una misma rivalidad: altius. Así pues, tenemos que darle la razón a don Jorge Luís: la memoria colectiva olvidó el baile. No queda claro, de todos modos, el motivo original de esas torres humanas al final del "Ball de valencians". A mi -National Geographic mediante- me da en la nariz que se trata de ritos de apareamiento.

Y así, desnuda del baile, la tradición se popularizó a lo largo del S.XIX, alcanzándose torres humanas de hasta nueve pisos -esos se apareaban seguro-, para entrar en decadencia a principios del S.XX cuando, como mucho, se hicieron de cinco, seis o siete. La Guerra Civil hizo mucho daño a la tradición -a la democracia y a casi todo-, pero una vez terminada empezó a detectarse cierta voluntad de retomarla.
Durante los años cincuenta se logra cargar algún castell de ocho, pero no es hasta finales de los sesenta de ese siglo cuando volvió a popularizarse -baste constatar que en 1981 se recuperó el castell de nou o castillo de nueve pisos- y hasta ahora, que se encuentra en su máximo esplendor, tanto por el número de colles participantes como por la dificultad en la ejecución de los castells.

Me agrada saber que el olvido de la tradición ha sido parcial. Que hay al menos diez colles que han alcanzado los nueve pisos y que un par han logrado el hito de llegar a los diez.

2 comentarios:

Rain dijo...

La palabra:
Castells

es hermosa.

Tu documentado post ha motivado en mí
ver alguna vez, directamente al CASTELLS.

Sin duda, en algún momento escriibré la palabra en un poema. Castells

arrebatos dijo...

Tienes razón. Quizás por tenerla muy oída no me había dado cuenta, pero sí, suena bonita.
En catalán hay unas cuantas palabras de fácil rima con castells, pero en español... no sé, no sé.