martes, 24 de julio de 2007

Dos magos al piano

No sé por dónde empezar a explicar lo que sucedió anoche. Podría limitarme a decir que fue magia, que durante un par de horas que se desvanecieron sin más se materializó la belleza, pues todos la percibimos como algo tangible, una entidad que permanecerá imborrable en el recuerdo de todos cuantos allí estuvimos, vivos, viviendo y compartiendo el hermoso desgranar de melodías, el sublime prodigio de esas manos escalonando sobre las 52 blancas y 36 negras en cuyo paseo, el mago nos deleitó con una música que sólo es privilegio de los dioses concebir y de algunos elegidos escuchar.

Incluso desde lo alto de las gradas del teatre Grec, la colosal presencia de Chucho Valdés es imponente. Como un orishá enfundado en traje de corte impecable, se sentó frente a su piano y nos guió por un recorrido que fue del jazz al mambo, de El manisero a Bill Evans, tanteando un fugaz Strangers in the night del que regresaba de inmediato al constatar que esa noche nadie era un extraño y nos invitaba a pasear por un personal homenaje a Joe Zawinul, acompañado por un potente bajo eléctrico que, si uno cerraba los ojos, podía imaginar que estaba de vuelta a finales de los setenta en un concierto de los Weather Report. Pero la cosa no había hecho más que comenzar. Tras esta ofrenda inició un sublime diálogo con Yaroldy Abreu, extraordinario, prodigioso a la percusión. A cada fraseo de Chucho, respondía Abreu con análoga elocuencia, que después tomaba la voz cantante en la conversación, y si atacaba con manos y codos, Chucho respondía de igual forma, y si terminaba con un tintineo de campanas tubulares, su interlocutor respondía incorporándose para hacer sonar el arpa de su piano. Sonrisas de complicidad y aplausos.

Poco después entró en escena la voz de Mayra Caridad Valdés, de quien lo único notable que puede decirse es que se trata de la hermana de Chucho. Ahí la magia bajo unos puntos, pues hablamos de una cantante regular para un prodigioso pianista. Es el mejor pianista de la actualidad, el más completo. Y eso lo dice el mejor pianista de la actualidad, su padre Bebo Valdés. Es lo que comentó él mismo entre la segunda y tercera pieza que interpretó, solo sobre el escenario. Pocos minutos antes, cuando fue anunciado por su hijo y apareció con paso titubeante sobre el escenario, el teatro se puso en pie aplaudiendo a rabiar en uno de los más sentidos y emotivos homenajes que he presenciado nunca. Fue él quien nos barrió a todos con su música, con sus idas y venidas a una melodía que a ratos se perdía en un breve pero reconocible As time goes by, para regresar a las raíces de su Cuba natal, y a los años cincuenta, y a Cole Porter y al bolero y al son.

Tras su exhibición volvieron al escenario Chucho y su banda, formada por el ya mencionado Yaroldy Abreu a la percusión, Juan Carlos Rojas a la batería y Lázaro Rivero al contrabajo. Me gustaría ser capaz de explicar lo que sucedió a partir de ese momento. Quisiera ser capaz de poder reproducir, de alguna forma, aunque fuera el tema de conversación en el que entraron padre e hijo cada uno a su piano. Pero no sé, no soy capaz. Quizás si supiera música podría acercarme; si tuviera parte de ese vocabulario que habla de melodías y armónicos y notas quizás tendría una remota posibilidad, un asidero donde agarrarme en esa tormenta musical que se inició en el escenario de la mano de dos de los más prodigiosos músicos que ha dado el S.XX. Pero no sé suficiente y todo lo que diga quedará como un balbuceo, como una muda mueca de éxtasis y placer ante tanta abrumadora belleza. Y por si fuera poco, por si el público todavía no estaba del todo entregado, tras despedirse, regresaron al escenario para regalarnos sus Lágrimas negras.

Ante expresiones del arte como la vivida anoche, uno sólo puede permanecer callado o aplaudir cuando la presión por exteriorizar la satisfacción sea insoportable. Eso es lo que hice yo, ni más ni menos. Y sentirme pequeño, insignificante y enormemente privilegiado.

Bebo & Chucho Valdés Quintet


Bebo & Chucho Valdés Quintet


Bebo & Chucho Valdés Quintet

8 comentarios:

martina dijo...

Que envidia cochina me has dado..

Léger dijo...

Andrés Arrebatos: qué envidia.
Lo que me gusta es que no eres envidioso en tu causar la envidia: y eso es contar lo que viviste.
¿y si te tiro unos datos? Calle 54, por ejemplo, donde puedes ver además de los Valdés tocando juntos: lo más emocionante: el par de morsas, de dinosaurios, interpretando Lágrimas Negras, Cachao, y Bebo.
Nuevo: con esa película se produjo una relación increible: puedes ver a Dieguito decirle, casi con lágrimas de admiración, Maestro a Bebo: tanto ese concierto, se llama Blanco y Negro, como el disco, son un mezcla de audacia, y poesía en movimiento.
Eso ya es un reto: tratar de no mover los pies al ver a esos dos; tratar de no convertirse en un total romántico; y peor tratar de responder: pero cómo diablos es que se han escrito letras tan bonitas: qué dices de Amar y Vivir...

Anónimo dijo...

lo que me recuerda que "una bandeja" es "una pandilla de musiquejos"

Gus

arrebatos dijo...

Leyendo el post me doy envidia a mí mismo, así que entiendo de qué habláis.
Léger, tengo el Calle 54 y cada vez que lo escucho lo disfruto como la primera vez. ¡Bestial! En cuanto a Chucho, tengo el "New Conceptions", de Blue Note, en el que suena prácticamente la misma formación que la que vi ayer. Ando buscando desde hace un tiempo el "Live at Village Vanguard", pero parece que sólo se editó en 2000 y no es fácil de encontrar. Dicen de él que es soberbio.

Léger dijo...

¡Eso!, la modestia como bandera. Pero ahora es mi turno. Ve acá:
http://jazzymusic.org/f139/
chucho-valdes-2000-live-
village-vanguard-2404/
Ahí está para el piscolabios...

Pero si realmente quieres llegar al fondo de las cosas, tienes que escuchar la reunión que hace el mismo Chucho de la crema y nata de Cuba. Y saber que solo se acompaña de tres pianistas: qué tacaño se nos vuelve Chucho.
Ahí está él, junto a su padre, y junto al tremendo Frank Emilio Flynn.
El trabajo se llama Tumbao All Stars... soberbio.

No me dices nada de Dieguito..., y en cuanto a tu libro, de seguro me jodí, porque no sé si tus Arrelatos alcancé a cruzar el océano.
(Eso sí: me encanta tu reseña... deberías escribir un librito de reseñas inventadas)

arrebatos dijo...

Léger, me abrumas. Soy un aficionado al jazz, pero un gran desconocedor del que se ha etiquetado como latino. Al margen de los Valdés padre e hijo, Paquito D'Rivera, Eliane Elías o Michel Camilo, de los que algo tengo, mi ignorancia es total. Así que no me queda más que agradecer tus sugerencias; les daré un tiento.

Respecto a mi "libro", se supone que la empresa que lo imprime y distribuye es estadounidense y en su web afirman servir a toda América. Lo del libro de reseñas lo tendré en cuenta: a modo de Borges (con quien debo tener en común algún que otro gen, aunque muchos más con la mosca del vinagre) y su libro de prólogos de novelas inexistentes.

la que filma dijo...

Es que vivir esos prodigiosos instantes te marcan la vida. Lo sé.
Y brindo por tal maravilla, que compartes aproximándonos a tu noche musical. Inolvidable.

Pitima dijo...

Es que a veces nos invitan a volar, y nos prestan unas alas.. La magia hace el resto.