miércoles, 26 de marzo de 2008

La tele de mi sangre

Si se considera que la acepción tener la misma sangre es buena no sólo para indicar el mismo parentesco sino también el mismo carácter, entonces tendré que dejar de lado la sabiduría popular y buscar respuestas en la genética. O eso o que en la maternidad hubo un error en la identificación de mi cuna o en la de mi hermana.

La tradicional cena familiar de los martes hoy ha tenido un ingrediente especial: mi hermana se ha dignado a concedernos el honor de su presencia. No le quedaba otra, pues celebrábamos su aniversario. Lo cual ha añadido un nuevo ingrediente a la cena: la tele. No se podía perder “Los Serrano”.

No comprendo lo de esta serie. No comprendo su éxito, se sobreentiende, pues para comprender sus tramas no es necesaria ninguna actividad cerebral. Hacía años que no sentía vergüenza ajena tantas veces en tan poco tiempo. Y no es por alguna cuestión concreta, no. Es todo el conjunto. Son los personajes planos, la trama de parvulario, las escenas inverosímiles trufadas de situaciones forzadas, de diálogos carentes de unos mínimos de credibilidad, la sobreactuación. Pero lo peor, lo que llega a sonrojar y a ofender, son los presuntos efectos cómicos, los gags al nivel del resbalón en la piel de plátano. En diez minutos he visto a uno corriendo para tirar una puerta abajo, justo cuando el otro la abría y –mwhahahahaha qué ingenioso– se pegaba el gran morrazo; a otro que se le cae el móvil por el inodoro, se quita la chaqueta teatralmente, mete la mano y –jajajajajajaja qué buenísimo– se queda atascado y a otro que –jojojojojo me parto– se pilla los dedos con un barril de cerveza. Señores guionistas, estas gracias tuvieron su apogeo en una época embrionaria del cine, pero cuando apareció la primera película sonora, hacía años que habían dejado de tener efecto, que ya eran cansinas.

No atino a comprender cómo puede tener tanto éxito esta serie y llevar tantos años en antena. No lo comprendo y, la verdad, prefiero no hacerlo, pues temo que todavía me llevaré algún disgusto.

9 comentarios:

Gregorio Luri dijo...

Conviene no poner muchas esperanzas en el género humano (nosotros incluidos) eso ahorra muchas decepciones.

arrebatos dijo...

Pero es una pena, Don Gregorio. Es como quien no quiere tener ilusión por no desilusionarse.

Sensai dijo...

Ante la admiración general de "Sin tetas no hay paraíso", decidí darle una oportunidad a ver si podía compartir por las mañanas alguna conversación en el trabajo. Al minuto (no exagero), estaba iracunda. Perder el tiempo lo puedo perder en hacer nada, pero ver la televisión es insultarnos directamente. Yo me cabreo, no lo puedo remediar.

Saludos!

arrebatos dijo...

Sensai, afortunadamente no tengo el gusto. Mi único contacto con la tele (y no siempre) es los martes por la noche.

Gregorio Luri dijo...

¿Y el inmenso partido que se le puede sacar a una esperanza minúscula e imperfecta?

Shay dijo...

Es una pena sí, pero la mayoría manda y lamentablemente los que hacen que "Los Serrano" tenga más de un 20% de share son los españoles. La mayoría, insisto.

Otro sonrojante ejemplo ocupa las noches de los domingos: "Aída" que es uno de esos hijos bastardos que la saga de Torrente dejó, para nuestra desgracia, en el hipotálamo de los que una vez más llenan las salas de cine. Una amplia mayoría de españoles. Una mayoría borrega, tediosa, inconsciente e incapaz de decidir por su bien pero sí de comer con los dedos y rascarse los genitales a la vez.

Divina nena dijo...

Bueno yo prefiero no ser tan dura con los televidentes, directamente paso a cenar viendo trozos de películas que me bajo, para terminar el día leyendo prensa, algún blog interesante, escribiendo a un amigo que vive lejos... aunque no comparto el gusto de la mayoría de lo espectadores (por desgracia para mi bolsillo pago cable para tener otra t.v. e internet)me parece muy fuerte tratarlos de subnormales que comen rascándose los genitales.

arrebatos dijo...

Tengo un amigo al que se puede considerar culto e inteligente. Licenciado en historia, leído, bibliófilo, cinéfilo, estudió en el conservatorio y toca el piano... Hace unos años tuvo una niña y un día, estando en su casa, me comentaba que tras pasarse todo el día trabajando, recoger a la niña, llegar a casa, jugar con ella, bañarla, darle de cenar y meterla en la cama, lo único que le apetecía era sentarse en el sofá y que le echaran lo que fuera. "¡Cómo me voy a leer un ensayo sobre geografía política, o ver una peli de Godard! Lo único que quiero es desconectar y no pensar".

Quizás sea eso...

Divina nena dijo...

tal vez... por esa razón, porque uno no debe mirar tanto su ombligo de "inteligente" no se debería ser tan duro.

Por cierto, aprovecho la ocasión para decirle que me gusta mucho su blog, ya es lectura diaria.

Un saludo