miércoles, 22 de agosto de 2007

Servicio a domicilio

Llueve, con algunas treguas, desde el sábado. Casi sin interrupción desde la tarde de ayer. El mercurio apenas se atreve a acercarse a la muesca del veinte. Camino por la calle bajo una fina llovizna, casi un vapor aunque frío, saltando de un portal a una marquesina y después bajo un balcón. No llevo paraguas. Nunca llevo paraguas porque siempre los pierdo. Paso ante un portal, y protegido bajo la marquesina un hombre de mediana edad, pequeño y repeinado, se adelanta hasta hacerme detener. Me da una tarjeta, me sonríe con una complicidad que no comprendo y me invita a pasar con un leve gesto con el brazo, un discreto pase de pecho. Lo miro algo desconcertado. Calza lustrosos zapatos negros y viste un traje entallado, como los que usan sólo banqueros y mafiosos. Aunque este hombrecillo dista mucho de ser un gordo seboso, y si a esta observación añadimos que en absoluto parezco un rico hombre de negocios, la posibilidad de que sea un banquero pierde fuerza de inmediato. Sigue sonriendo. Miro la tarjeta, que anuncia bellas y complacientes azafatas. Horario ininterrumpido y servicio a domicilio. Mira, como las pizzerías, pienso.
Tráigame una rusa con tres ingredientes; un doble de idiomas: francés y griego / Los ingredientes extras se cobran a parte / Sí, de acuerdo / Le falta un ingrediente / Sí, póngame un vestido de colegiala / ¿De colegio civil o religioso? / Mmmmm… mejor civil, no soy tan morboso / Muy bien señor, en media hora la tiene calentita en su domicilio / Muchas gracias / A usted por solicitar nuestros servicios.

Levanto los ojos por encima de la tarjeta y sonrío. Él todavía no ha mudado su gesto. Voy a devolverle la tarjeta, pero me la rechaza con un ademán inequívoco. Guárdesela, me dice, uno nunca sabe cuando la va a necesitar. Y más con este frío, añade. Sigo mi camino bajo la llovizna. Paso por delante de una papelera y tiro la tarjeta, aunque después me arrepiento cuando pienso que podría haberla guardado como una curiosidad.


(sugerencia de consumo)
animación basada en Gang-bang de Nacho Vegas, cantan Bunbury y Vegas

7 comentarios:

Cel.lia dijo...

Noooooooo
por qué lo has tirado!!!???

Piensa en que podríamos pedir postres especiales...

Insensato!!

Palimp dijo...

A mi me dieron una tarjeta parecida, caminando para mi casa -y por la mañana-. La guardé porque pensé "Definitivamente, ya no soy joven"

arrebatos dijo...

Uy Celia, con lo que me gustan a mí los postres caseros.

arrebatos dijo...

Palimp, supongo que en mi caso ha sido un acto reflejo. Toda la publicidad que me dan la tiro, pues nunca me interesa.

malvisto dijo...

La curiosidad mató al gato... y en este caso la falta de curiosidad te evito un ingrediente sabroso.

chica de rojo dijo...

aderezaba mi tibia tarde con los agrdables retazos de tu existencia que dejas por aquí, y encontré ésto:

http://www.flickr.com/photos/arrebatos/475610276/in/photostream/

y necesito preguntarte dónde está. En la Latina?


gracias

arrebatos dijo...

Chica de rojo, te gustó el café ¿verdad? Está en Lavapiés, creo que en la calle de Ave María, junto a la plaza.
La he posicionado en el mapa en flickr.